miércoles, 3 de agosto de 2011

Mi proyecto

Acá presento el texto que preparé para el proyecto, imagino que no va a ser el final porque seguramente tendrá correcciones que, espero, lo hagan mucho más interesante. No sabía si había que publicarlo o no, pero lo hice porque me parecería muy bueno recibir opiniones de cualquier tipo.

El futuro tiene mi nombre

Mi amiga me confirmó por mensaje de texto que a las 17 nos encontrábamos en la esquina de siempre. Eran las tres así que todavía tenía tiempo de sobra, en realidad tenía tiempo pero ya sabía que iba a llegar tarde. Soy extremadamente impuntual. Comí algo, me arreglé un poco el pelo y salí de casa. Mientras bajaba las escaleras me puse a buscar las llaves en la cartera y de pura casualidad me di cuenta que me faltaba la billetera. Mal comienzo. Subí corriendo, la agarré de la mesa y me fui.
Caminé casi trotando las pocas cuadras que me separaban de la parada del colectivo, una vez allí, un poco agitada, lo esperé por unos minutos. Afortunadamente venía bastante vacío, así que me pude sentar sola. Mientras veía con la cabeza apoyada en el vidrio que la tarde caía, empecé a sentir un poco de sueño. Los párpados me pesaban y el reflejo de mi perfil sobre la ventana se mezclaba con el clásico panorama porteño: los autos, la gente apurada, las luces de la ciudad y, en el medio, mis múltiples pensamientos. Lentamente, entre bostezo y bostezo, miré por última vez la hora en el reloj para reconfirmar mi odiosa característica. Sorpresivamente estaba llegando temprano. Tal vez desde ese día las cosas empezarían a cambiar.
Me desperté de casualidad por una abrupta frenada. Realmente no es el mejor modo de hacerlo, pero vaya que me despabiló, pensé. Bajando del 45, a los empujones con un grupo de oficinistas, escucho a mi celular sonar.

-Me vas a matar, pero me quedé dormida-dijo Isabel.

-No te voy a matar.

-Igual estabas llegando tarde, ¿sabías?-preguntó ella.

-¡Y vos estabas durmiendo!-le recordé entre risas e indignación.

-Sí, tenés razón. Bueno, hablamos después. Tomate un café y andá a ese lugar que tanto te gusta.

-Es una buena idea, puede que lo haga.

Sin dudarlo mucho, decidí tomar el consejo de mi amiga e irme hasta la pequeña librería de Av. De Mayo. La visité varias veces durante el último tiempo y siempre encontré buen material, así que inferí que en esta oportunidad contaría con la misma suerte. 
Era un lugar muy antiguo, lleno de cajas y estantes con polvo adornados por ese particular olor a libro viejo. Imagino que por eso me gustaba tanto “mi librería”; conservaba el tradicional espíritu en cada rincón. La recorrí brevemente con la vista y revisé algunas secciones de mi interés: historia argentina, novelas, comunicación y arte. Tomé algunos libros, los hojeé un poco, pero ninguno me terminaba de convencer del todo. Un poco frustrada pensé que quizás mi éxito literario estaba llegando a su ocaso. 
Antes de irme, me di una segunda oportunidad para revisar el último recoveco de mi interés: fotografía. Entre viejas revistas Radiolandia y Caras y Caretas (no sé por qué estaban ahí), me topé con un pequeño libro de tapas negras. Me llamó mucho la atención porque no tenía ninguna identificación, letra, título, nombre, ni nada. Estaba allí como esperándome. Antes de abrirlo miré repetidas veces para los costados para asegurarme de que ningún intruso estuviera observándome. No había nadie, estaba completamente sola. Muy concentrada le separé las tapas y sin darme cuenta, fui sorprendida por el ruido de hojas cayendo en el suelo. Curiosamente no era ningún papel, sino que eran negativos. Instintivamente los levanté y los guardé dentro del texto, un poco asustada pero con muchísima intriga. No va a pasar nada si lo compro, pensé, ¿qué tan malo puede resultar? Minutos después me estaba retirando del lugar con dos nuevas adquisiciones: el libro dentro de una bolsita azul y una sensación muy extraña. La sensación me salió gratis. 
Siesta de por medio en el colectivo, llegué a casa. Dejé la bolsa sobre la mesa del comedor y me tiré un rato en el sillón. No pasó mucho tiempo hasta que me levanté y fui a la cocina para prepararme un té de manzanilla. Volví a mi lugar y, obviamente, el libro seguía en la mesa. Prendí la tele para distraerme un poco, pero no lograba concentrarme. Y ahí estaba él, mirándome de reojo, haciéndose el interesante. Titubeé un poco pero finalmente me rendí.


Hija:
        Te regalo este pilón de hojas en blanco para que escribas tu propia historia en primera persona. Sé que amás escribir, así que obsequiarte este cuaderno me pareció lo mejor para que te acompañe en la hermosa aventura que estás por emprender.
Te deseo lo mejor hoy y siempre.

1-

15/6/05

Ya casi estoy por subirme al avión y estoy nerviosa o ansiosa, como sea.
Es el principio de todo así que supongo que entonces debería presentarme y contar mi historia. En realidad es larga a pesar de que soy joven (tengo 25 años) y en todo caso, ¿por qué parte debería arrancar? ¿Empiezo por el día en que nací? Si es eso, realmente no me acuerdo mucho. Yo sé que nací y punto. ¿Sería mejor explicar por qué decidí dejar todo y viajar? ¿Dejé todo o algunas cosas nada más?
Tengo que embarcar.

2-

19/6/05

Ubicación: ya no estoy en Buenos Aires.

Llegué y estoy más relajada, o eso creo. No me dieron muchas ganas de escribir en el avión y aparte tenía sueño. ¿Quién iba a decir que viajar 1 hora 40 acostada te podía llegar a cansar? Bueno, a mi sí, pero de todas maneras no dormí nada.
El viaje en sí fue bastante tranquilo con un poco de música, lectura y una tele que funcionaba de a ratos. La mejor parte, como siempre, fue la de la comida y debo decir que el brunch, más conocido por todos como ‘la cajita de Havanna’, estaba muy bueno.
Frío-calor, miedo-paz.

Aterrizamos en el aeropuerto de Salta a eso de las 15 hs. Ni bien puse un pie en tierra firme, (después puse el otro, por su puesto), el aire ya era distinto. Podría considerarse una metáfora esto último y, en parte, podría funcionar, pero efectivamente el aire se sentía distinto porque la ciudad está a 1187 msnm. Como dije, esta pseudo-metáfora tiene algo de sentido porque de verdad que las cosas ya no eran como en Bs.As.
La primera marcada diferencia es la tonada de la gente y su forma pausada de hablar. Reconozco que los porteños somos acelerados, pero esta gente es muy tranquila, yo diría que demasiado a veces. De todas maneras, estoy convencida de que ellos son mucho más felices y viven mejor porque parece ser que, por alguna misteriosa razón, saben que la vida no es muy larga y entonces hacen un buen uso del ahora. Voy a ver si me contagio un poco de eso durante estos meses. ¡Qué bueno sería que vendieran ‘eso’ en algún kiosquito! Serían millonarios.

Tanto leer de dormir y tranquilidad me dio sueño. Ya estoy bostezando y tengo los ojos rojos.

3-

23/6/05

Clima: hay que debatirlo.
Humor: podría ser mejor y podría ser peor.

Hoy estuve recorriendo un poco más la ciudad y por suerte para mí que odio caminar, todo está relativamente cerca. Estuve recorriendo la calle Buenos Aires (me persigueeeee) que está llena de locales de turismo, como 2,3 por cuadra. Me llenaron de folletos de excursiones a Cachi, Cafayate, Salinas Grandes, etc. Mi idea es hacer alguna, pero primero me quiero organizar un poco con el trabajo. Retomando con el city tour, estuve por el Museo Contemporáneo, el Cabildo, el MAAM (Museo de Arqueología de Alta Montaña), la Iglesia de San Francisco y el Teleférico del Cerro San Bernardo. Además almorcé en la plaza del centro, la plaza 9 de Julio, que queda justo enfrente de la Catedral. Más tarde me tomé un taxi y fui a visitar el Monumento a Güemes y el Museo de Antropología. Todos estos lugares están extremadamente cuidados y son muy interesantes, sin dudas que la gente de ‘La Linda’ está en cada detalle. La ciudad es bellísima la verdad, lo único sorprendente es que manejan horrible y que hay muy pocos semáforos en las esquinas. Tanto me sorprendí que incluso le pregunté a un señor si era impresión mía o si realmente era así. Me contestó que manejan rápido porque están acostumbrados a las rutas complicadas. Qué se yo, más allá de esto, recomiendo visitar Salta.
Ah! Me olvidaba de dos cosas: el clima es GENIAL, una brisa hermosa y pura. Dicho esto, desde mi humilde lugar me gustaría desmentir el siguiente ‘mito urbano’ que escuché repetidas veces: ‘en el norte hace un calor insoportable y te vas a morir’. Bueno, la parte de morir la agregué yo, pero lo otro juro que me lo dijeron. Hipótesis totalmente refutada. Buenos Aires es insoportable, es una realidad y nadie lo dice abiertamente. Otra cosa, a eso de las 13 TODO CIERRA. La siesta para ellos es un ritual.


Ahora sí, me voy a dormir. Mañana será otro día.
Hace ya unas cuantas semanas que no leo el diario de viaje, pero no porque no me gusta, sino porque sólo le quedan tres hojas y de verdad que no quiero que se termine. Imagino que el paso del tiempo tuvo que ver con su estado porque le faltan partes, hay hojas arrancadas y de las pocas que quedan, la mayoría están arruinadas por la humedad.

152-

21/3/06

Estado actual: muy pensativa.

Hoy es uno de esos días que me encuentran nostálgica. Ya van a ser casi nueve meses que estoy fuera de casa y todo eso me pesa. Extraño bastante. Tal vez me haría muy bien aceptar que este es mi nuevo hogar porque yo lo elegí, porque yo decidí dar un paso al costado y empezar de nuevo.
En mi mente siempre quise viajar, pero el miedo me paralizaba. Miedo a salir de todo lo conocido, de tener que dejar mi ‘zona de confort’. Viajar es un concepto muy amplio, y a lo que me refiero con ‘viajar’ es a cruzar fronteras (que muchas veces son trabas mentales/emocionales) y a encarar de una vez por todas, mi propio destino sin que los demás lo hagan por mí. Necesitaba aprender a tomar mis propias decisiones, aprender verdaderamente de los errores y tal vez, de algún que otro acierto. Lamentablemente, esa ‘búsqueda interior’ no la podía llevar a cabo en Buenos Aires. Amo a mi familia y a mis amigos, pero llega un momento en que se siente esa NECESIDAD de independencia. Algunos deciden mudarse solos, otros acompañados y para muchos otros la independencia es otra cosa. Bueno, yo decidí viajar sola.
Gracias a mi trabajo (soy fotógrafa) pude dar ese paso. Cuando empecé con esta hermosa profesión tenía 21 años y siempre pensaba que iba a ser mi trampolín al mundo. De algún modo lo fue, ya que conocí Nueva York, Londres, Roma y otras ciudades europeas, pero más bien las conocí como turista y no como ‘viajera’. Después de un tiempo, cuando regresé a casa me di cuenta de que en realidad no lo estaba disfrutando tanto ya que iba, hacía mi trabajo y volvía a mi aburrida rutina.
A partir de ese momento reflexioné y vi que la vida era eso que me estaba pasando por el costado y que yo esquivaba constantemente.

Me quedan sólo dos hojas.

205-

2/9/08

Música: Radiohead

Ubicación: nunca me fui.

Estoy escribiendo mucho menos porque estoy tremendamente ocupada con un trabajo. Además me atrevería a decir que estoy más conforme.
¿Nunca les pasó que alguien les dijera que quiere estar con ustedes pero no puede? ¿Cómo es eso? ¿Cómo funciona? ¿Acaso lo buscan porque es un terrorista? ¿Cada vez que quiere decir que sí le da un shock eléctrico y se le traba la lengua? RARO. RARÍSIMO. Mas allá del chiste y de esta ‘invitación’  a ver la nueva novela de Telefe, realmente es una idea muuuuuuuy enroscada. Típica de una persona enroscada, con ideas enroscadas y cosas enroscadas a su alrededor. Ah, sí! Bueno a mí me pasó. Mi vida ya venía complicada, estaba estancada profesional y personalmente. En el amor venía -10000, una relación amorosa destinada a fallar desde el primer ‘hola’. Básicamente era imposible de concretar. ¿Mi trabajo? No me iba precisamente mal, pero no se parecía en nada a lo que yo imaginaba para mí. Conclusión: no estaba nada conforme y si no cambiaba el rumbo en ESE momento, entonces iba a seguir viendo el tiempo volar.
A decir verdad, a pesar de que todo con ‘el Dramático’ (con mis amigas le pusimos ese apodo) fue bastante doloroso, también fue el último golpe que necesitaba para cambiar. Emm... ¿debería llamarlo y decirle gracias? Na, ni ahí, si hace unos renglones lo odiaba. Corrección: reconozco que lo sigo odiando un poquito. 

Me parece todo muy cercano, todo, todo. Siempre me planteé el tema de cómo los viajes pueden llegar a convertirnos en otras personas. Tienen esa capacidad de abrirnos la cabeza y permitir que rompamos o, que al menos dudemos, de todo lo establecido.
Yo también tengo miedo. Miedo de aventurarme y fracasar, pero ¿quién no? Los que tuvieron el valor dicen que así se aprende. Ojalá que en el futuro yo pueda ser una de esos.

287-

Después de 2 años me volví a reencontrar con él. ¿Con mi ex amor? Ni! Me refiero mi querido diario de viaje. Me puse a leer todo lo que escribí y no sé si llamarlos ‘días de tristeza’, más bien yo los catalogaría como de aprendizaje. Por suerte encontré en la escritura y en el viaje EL lugar para poder refugiarme o exiliarme de todo lo malo que me estaba sucediendo.
Lo último que vi por acá es que buscaba ser protagonista de mi propia vida y no una espectadora más. Mirando las cosas con un poco más de experiencia y distancia, diría que era la protagonista, pero, considero eso sí, que era un asco de protagonista. Una actriz horrible, innominable para cualquier premio. Mi problema era el MIEDO (sí, con mayúsculas y subrayado). Resulta ser que a veces es más fácil dejar que otro se encargue de manejar tu vida para no tener que reconocer los fracasos. Por su puesto que es más sencillo, pero también es más cobarde.
Así que hoy por hoy puedo decir que cambié, de todas maneras el miedo sigue estando presente pero convivo con él y hasta a veces le gano. Tampoco es el típico ‘happy ending’ norteamericano, sino que es una realidad muy real. Dejé Salta, mi hogar durante vaaarios largos meses, un lugar maravilloso en el que conocí gente que jamás olvidaré y que me ayudó, tal vez inconscientemente, de muchas maneras. Me mudé para Auckland en Nueva Zelanda gracias a una oportunidad laboral y ahora me encuentro escribiendo en vivo y en directo desde un bar mientras veo a lo lejos la Sky Tower. Otra ciudad maravillosa, un lugar increíble para sacar fotos, con paisajes muy parecidos a los de Bariloche, en el mismo hemisferio, con un clima parecido, pero a 16 horas de Argentina y 10337km. ¿El amor? Muy bien. En realidad no conocí a nadie especial, pero no es algo que me desespera. Todo está yendo como lo soñé tantas veces que lo que tenga que pasar vendrá solito y con el tiempo.
Por lo pronto, lo que puedo decir es que doy por cerrado este gran capítulo de mi vida. A veces es mejor dar un paso al costado y dejar de mirar tanto para atrás. Yo crecí y hoy sólo voy para adelante.

1 comentario:

  1. Hola Perla!

    Me gusta mucho cómo manejás el formato diario. La escritura me parece muy fresca, atractiva (ya te había funcionado bien en el cuento que escribiste durante el primer cuatrimestre).

    Me parece que el comienzo de la historia atrapa, dispara preguntas. Pero esa intriga después se diluye, porque las últimas tres entradas del diario explican mucho, explican TODO. Y, si lo pensás, en general un diario íntimo no explica tanto (si no está dirigido a ningún lector o, a lo sumo, a uno mismo, para qué tanta explicación). Creo que eso que explicás podría aparecer cifrado y despertaría mucho má interés. Y hay cosas que podrían ni aparecer y quedar libradas al lector. En algún punto, aunque intentemos entender nuestras acciones, ni nosotros terminamos de entender por qué hacemos lo que hacemos...

    Otro elemento que creo que se podría repensar es que el personaje que aparece al inicio de la historia luego desaparece y pierde toda importancia. Para qué esta ahí? Para encontrar el diario nada más? Si es así, podría no estrar, el texto podría consistir únicamente en el diario. Que le aporta esa chica esta experiencia, esta lectura? Podría haber aquí una historia adentro de otra historia. Y además, cómo llegó el diario a la librería? No necesitás aclararlo en el texto, pero si saberlo vos y quizás dejar alguna pista...

    Espero que ayude!

    Saludos!

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