domingo, 14 de agosto de 2011

Proceso I

Este es el proceso de escritura nº1 (entregado la clase del 9/8)

El proyecto narrativo comenzó mucho antes de su escritura. Lo primero fue la indicación de la consigna y las pautas de trabajo. Una vez obtenida esa información, el segundo paso, espontáneo, fue el surgimiento de una variedad de preguntas: ¿Tiene que ser un texto que hable de un viaje específico? ¿Puede tomarse en cuenta otro concepto de ‘viaje’? ¿Crónica, diario o relato? Las dudas e inquietudes no cesaban, sin embargo, fueron muy útiles para movilizar las ideas y seguir en la búsqueda. 
Basándome en el material de la cátedra que amplia el tópico del proyecto, voy a empezar por distinguir las distintas fases del proceso de escritura y qué fue lo que sucedió en cada una. 
La planificación comenzó en el momento de decidir con qué tipo de género me iba a manejar. La intención fue siempre empezar por lo más básico y darle a mi futuro trabajo un marco narrativo. Siempre supe que no trabajaría con una crónica, ya que me sentía muchísimo más cómoda con la ficción. Tomada esa decisión, pensé que una buena idea sería revisar mis trabajos anteriores para ver si podía detectar algún tema, idea o concepto que sirviera de disparador. A lo largo de esa exploración me detuve en el último texto del cuatrimestre, “Cuaderno”. En él utilicé el formato del diario para contar la historia de un ingeniero de mediana edad que tenía dilemas con su vida personal y laboral. Considerando las devoluciones recibidas, el hecho de que me quedé conforme con su realización y que habían surgido temas interesantes para trabajar en otra oportunidad, decidí, de alguna manera, retomar esa escritura. 
Paralelamente y de casualidad, leyendo un día una revista, me topé con una nota que relataba la historia de una joven cineasta que había ganado una beca para perfeccionarse en el exterior. Entre la descripción de su historia, vi que su primera película trataba de un personaje que experimentaba un desarraigo. Inmediatamente me pareció que esa palabra iba a ser muy interesante para desarrollarla en el proyecto. 
Entonces, hasta ese momento, ya había unido dos ideas: el tema del desarraigo y el formato del diario. 
Tiempo después, me di cuenta que tenía demasiadas pensamientos en la mente, pero muy pocos estaban claros. Es por eso que confeccioné una guía para organizarme y encaminar la futura narración. Determiné que iban a ser dos personajes, dos voces, dos tiempos pero que, en algún momento, uno de ellos iba a identificarse con el otro. Uno iba a ser de existencia real, mientras que el otro sería simplemente un personaje a través de los fragmentos del cuaderno. Una joven se dirigiría a una librería y allí encontraría un diario, siempre detallando cómo sucede, cuál es el contexto, reacciones, pensamientos internos, etc. Por su parte, el diario indagaría en un viaje que incluyera de algún modo el tema del desarraigo. Me gustaría destacar en esta parte, que siempre consideré el concepto de ‘viaje’ en términos “metafóricos”. Es decir, como un proceso de aprendizajes, cambios, transformaciones y metamorfosis. Con sorpresas, obstáculos, aventura y desafíos que acompañan el crecimiento y descubrimiento personal. 
Además, para esta parte de la planificación, tomé en cuenta varios puntos: 

-Lectura de fragmentos de diarios de viaje.

-Lectura de mis propias anotaciones realizadas de un viaje a NOA.

-Lectura de los textos de la antología de la cátedra.

-Texto de Cortázar: “Continuidad de los parques”.

A propósito de los dos últimos puntos, cuando tuvimos el teórico de la antología, le pregunté al autor de “La piel de las palabras” si su texto tenía alguna influencia de Cortázar y me comentó que sí, ya que había estado leyendo algunos trabajos del escritor. Junto con esto, cuando reescribí por segunda vez el texto de la consigna de la primera vez, me recomendaron leer “Continuidad de los parques” para ver si podía plantear en la nueva versión una “doble historia”. Efectivamente lo hice luego de haber leído ambos textos y considero que fue una gran influencia para la narración del proyecto. 
Siguiendo con la etapa de la planificación, una de las ideas que nos dieron en clase fue la de elegir un autor que apareciera en el cuadernillo de “Viaje y narración” y leer alguno de sus textos. En mi caso yo leí “Fiesta” de Ernest Hemingway, un poco por curiosidad y otro poco porque sentía una cercanía con su forma de escribir. De esa lectura tomé, levemente, su modo de narrar (la especificación de las situaciones, expresiones, etc), así como también anécdotas y palabras clave, por ejemplo: postales, itinerario y fronteras. 
Podría decirse que esta fase termina aquí, aunque, como dice en el corpus, los procesos no son lineales sino recursivos. 
Con todo lo trabajado durante ese momento, decidí que ya estaba conforme como para ponerme a escribir y dar lugar a la puesta en texto. 
Al empezar a darle forma al trabajo, me di cuenta lo mucho que me sirvió la planificación porque, detalles más, detalles menos, el resultado parcial quedó bastante parecido a lo que imaginaba, ya que tenía bastante claro el modo en el que quería desarrollar el escrito. Para la primera parte, es decir el encuentro con el diario, buscaba dar cuenta de todo el contexto y contar detalladamente cómo fue ese momento. Intenté que tuviera poca velocidad deteniéndome en las reacciones, alargando momentos, para ver si de ese modo lograba suspenso y curiosidad. Con respecto a la redacción del diario, busqué que sea lo más entretenida, fresca y real posible. La elección de la tipografía fue, justamente, para enfatizar la distinción entre el diario y la continuación de la narración. Escribí primero un borrador, a mano, y de ahí me puse a revisar y editar constantemente, e incluso, una vez que iba tipeando, seguía arreglando detalles.

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