miércoles, 11 de mayo de 2011

Matiezo toma II.

En esta oportunidad, se propuso redactar una crónica (siempre relacionada con el espacio cultural elegido), es decir narrar la historia del lugar desde sus orígenes hasta la actualidad. En el momento de empezar, la primera pregunta que me surgió fue: ¿qué es una crónica y cómo hago para escribir una, después llegaron mas dudas, como por ejemplo, si debería ser en orden cronológico, qué información tengo que usar, etc. Realmente no puedo asegurar que todos mis interrogantes tengan una respuesta, pero sí puedo confirmar que, al menos, lo intenté.

Intento Nº1

El Club Cultural Matienzo, ubicado en la zona de Colegiales, se define como un “multiespacio dedicado a la generación, producción y presentación de contenidos culturales”. Este atractivo espacio cultural abrió sus puertas el 7 de Noviembre de 2008.

Lo que motivó su creación fue, principalmente, la ausencia de un lugar en el cual escuchar buena música, compartir charlas relajadas y nutrirse de experiencias y momentos más cercanos al circuito under. Así nació este proyecto pensado, concebido y llevado a cabo por un grupo de amigos que tenían como objetivo desarrollar un espacio de difusión de actividades culturales y alternativas y que, al mismo tiempo, invitara a la recreación en comunidad.

Desde sus comienzos, el Club Cultural Matienzo se destaca como un espacio alternativo que busca llenar aquellos vacíos promoviendo y desarrollando un ambiente para la difusión y circulación de una importante variedad de actividades: ciclos de cine, teatro, música en vivo, exposiciones de moda y arte, talleres, radio, cursos y seminarios, acompañados de interesantes y accesibles propuestas gastronómicas.

En sus comienzos, hace casi tres años, Matienzo contaba con un equipo de trabajo reducido, pero que fue creciendo año a año y que, actualmente está formado por personal rentado, semi-rentado y voluntarios, dando como resultado un grupo de alrededor de 30 personas. Se encuentra organizado en la Comisión Directiva y el Departamento de Proyectos con sus diversos sectores: arte, diseño, cine, formación, música, teatro, acción social, bar y colaboradores que juntos llevan a cabo el funcionamiento y desarrollo de las actividades que se suceden allí. Cuenta con una disposición horizontal que busca y pretende una comunicación permanente y dinámica con el fin de fomentar el crecimiento de los vínculos.

El club, funciona en una casona de tres pisos construida en el año 1922 y cuenta con dos pisos y una terraza. Su diseño y estilo arquitectónico se basa en vitrales y detalles barrocos propios de los años ’20. Las instalaciones fueron modificándose con el correr del tiempo, ya que al ser una casa antigua, lo primero que se llevó a cabo fue su restauración y con ello la búsqueda de un sello personal y distintivo. La renovación de la fachada y de los distintos pisos y habitaciones del lugar, se logró gracias a las intervenciones y colaboraciones de artistas jóvenes argentinos e iberoamericanos que trabajaron junto con los creadores del proyecto. Es así que, actualmente, lo primero que vemos al llegar al lugar es un colorido mural que propone y sugiere continuar con el recorrido. Por otra parte, hacia Mayo de 2009 se estaba tratando de lograr la habilitación para que toquen bandas, proceso que resultó complicado debido a la situación y clima generado por la tragedia de Cromañón, pero que afortunadamente fue conseguida. También, para ese momento, se estaba gestando la biblioteca que hoy está conformada por literatura especializada en arte, cine, fotografía, poesía, cuento y novela. Además, Matienzo cuenta con los elementos necesarios para el desarrollo de sus actividades: sonido y luces adecuadas para recitales, obras de teatro y proyecciones audiovisuales; proyector y 3 pantallas de distintos tamaños y dos salas para exposiciones artísticas con iluminación acorde y sistemas de montaje, internet Wi-Fi y cocina. Una de las cosas que más captan la atención de este club es el mobiliario: mesas, sillas, sillones, reposeras y colchonetas. Todo ello se encuentra repartido por las distintas áreas de la casona y dan lugar a una atmósfera muy relajada, joven, distendida y acogedora. Por último, en la terraza se encuentra el estudio de Radio Colmena que funciona desde Octubre de 2010.

En síntesis, Matienzo conjuga en un espacio diferente, llamativo y divertido una gran cantidad de experiencias. No solo aquellas que se desprenden del desarrollo de las actividades que se realizan allí, sino también de las relaciones interpersonales y con sus distintos rincones y lugares. Es un ambiente que invita a vivir momentos de reflexión, ocio y descubrimiento.


¡Importante!

Para llevar a cabo este trabajo, utilicé datos de la web del Club Cultural Matienzo, de su página de Facebook y de algunas notas de Prensa que allí se encuentran. Dejo las fuentes:
 
Club Cultural Matienzo  
Club Cultural Matienzo-Facebook  
Prensa Matienzo

Matienzo toma I.

Empieza una nueva etapa y con ello una nueva consigna, o más bien, gracias a una nueva consigna arranca una nueva etapa. De cualquier manera, lo importante es que es algo diferente.
La idea era la de visitar un espacio cultural alternativo, es decir un lugar que no se encuentre saturado y lleno de difusión. Resultaría interesante profundizar este término de “alternativo”, pero eso vendrá en una nueva entrada. Por ahora sólo voy a presentar el texto que tuve que escribir acerca del primer acercamiento a Matienzo. Como fue pedido, se buscó, principalmente, un recorrido a través de la escritura. Para ello me basé, en primer lugar, en los sentimientos y experiencias generadas en esa primera impresión, algo así como un análisis subjetivo. Al mismo tiempo, también lo combiné con la dimensión objetiva, es decir qué es lo que se encuentra en el club y qué ocurre allí.
Luego de esta breve explicación, acá está el resultado final.

Decidimos visitar el Club Cultural Matienzo ubicado en el límite entre Palermo y Colegiales. La primera vista al lugar me generó intriga y gracia. Es un lugar pequeño y está medio escondido, por lo que se podría pensar que podría pasar desapercibido, pero realmente no, ya que el frente está pintado de muchos colores y sin dudas que genera ganas de conocerlo e interesarse por lo que sucede allí adentro. Al ingresar llama la atención la decoración y el estilo del lugar. Hay sillones, mesas con sillas y un pequeño escenario, acompañado por la luz ultravioleta que hace que se convierta en un ambiente flúo y divertido que invita a relajarse y pasar un buen momento. Además está la cartelera del centro indicando todas las actividades, eventos, cursos, etc. día por día.

Es una casa antigua que tiene una gran variedad de rincones y habitaciones: subiendo la primera escalera se encuentra el baño y dos cuartos y siguiendo por la otra escalera se llega a la terraza. Es un espacio muy grande, con las paredes pintadas de colores y mucho lugar para ubicarse tranquilo y como uno lo desee. En la misma terraza hay un lugar donde funciona una radio que va variando de tópicos y temas a tratar. También, junto con una mini barra donde se puede tomar algo, está el equipo de música.

En el lugar se realizan variadas actividades: cursos, teatro, ciclos de cine, eventos de música, entre otros, pero no necesariamente se tiene que ir a Matienzo a hacer algo de eso, uno puede ir a tomar algo y a pasarla bien.

Finalmente, me pareció un ambiente divertido, relajado e interesante. Tengo muchas ganas de volver para poder asistir a alguno de los eventos, especialmente el de cine y ver cómo es. Me generó curiosidad, lo cual creo que es positivo, y sin dudarlo volvería para enterarme de más cosas relacionadas al espacio cultural.

Paso a paso.

El proceso de escritura, como todo proceso, consta de varias etapas que tienen sus respectivos momentos. El primer texto que escribí llamado “Mi primera vez” nació mucho antes de escribirlo; en la etapa de la planificación. Ese primer momento de pensar e imaginar de qué se iba a tratar mi historia y como asociarlo con el campo semántico que me había tocado fue, por sobre todo, confuso. Hacía mucho tiempo que no escribía con una consigna que me permitiera acotar, pero por otra parte, fue útil para darle un marco a la narración. A pesar de que ese primer paso me generó varias dudas, sí tuve algunas certezas en el momento en que recibí las indicaciones para escribir el texto. Sabía que el personaje iba a ser pintor y también cuál iba a ser su nombre. Al mismo tiempo, también tenía la idea de que cuente el proceso de su primer contacto con la pintura y el arte. Una vez que supe levemente lo que buscaba contar, me propuse hacer un borrador. Terminé haciendo dos y el segundo fue el que presenté.

En el momento de escribir la primera versión, no me detuve (porque tampoco lo sabía ni tenía en cuenta) en los aspectos formales de la narración, es decir no consideré qué tipo de narrador iba a aparecer en mi historia, tampoco la idea de representar y no explicar a través de los espacios y personajes, etc. Sino que fui escribiendo tal cual me parecía que podía llegar a funcionar. Por otra parte, sí procuré tener cierto cuidado en relación con los tiempos verbales y su incidencia en la trama.

En el momento de la reescritura estuve un poco más conciente de lo que tenía que revisar. De todas maneras, para ese momento, todavía no habíamos puesto en común los aspectos de la narración a tener en cuenta, pero más allá de eso, las correcciones recibidas fueron muy útiles y es en eso en lo que me enfoque para modificar el texto. Lo que podría decir es que fue difícil el segundo acercamiento, ya que me costaba darme cuenta qué es lo que podría modificarle o pulir, es por ello que una mirada ajena o leerlo luego de un tiempo siempre ayuda al proceso de reescritura.

En este momento estoy en búsqueda de una tercera versión y creo que van a darse a conocer otros aspectos del texto, como por ejemplo la aparición de una historia detrás o algún juego interesante con los tiempos verbales, ya que yo me encuentro redactando lo que mi personaje está escribiendo en su propio libro. Es por ello, que con las puestas en común que fuimos haciendo clase a clase, pretendo que la nueva versión sea mucho más rica en contenido.

No tan diferentes, no tan similares.

No conforme con la primera versión, los introduzco a una segunda. Vendría a ser algo así como “encuentre las 10 diferencias” aunque me parece que hay un par más. Pero no, no es tan divertido como suena, simplemente es una reescritura. Nuevamente, espero que les agrade.

Mi primera vez

No hace mucho, un sábado por la mañana preparando una mudanza hacia otro estudio y víctima de la molesta e inquietante monotonía, me “reencontré” con mi primera pintura: un cálido y brilloso sol, similar al que se asomaba por mi ventana. Verla fue como una bocanada de aire fresco y renovador. La toqué, sentí su olor y se despertaron en mí infinidad de sentimientos y memorias. Me puse a pensar en todo lo que pasé para llegar al lugar en el que me encuentro hoy; los miedos, las alegrías, las cosas buenas y también los malos momentos.

El sorpresivo pero grato suceso, me movilizó tanto que es por eso que ahora me encuentro escribiendo el primer capítulo de mi autobiografía. En esta oportunidad voy a jugar a ser dos personas a la vez: entrevistado y entrevistador. En las notas que me han hecho suelen preguntarme como comenzó mi carrera, influencias, datos sobre mi trayectoria profesional, etc. Creo que no existe otra persona mejor que uno mismo para relatar su propia vida y es por ello que esta vez no voy a expresarme a través de pinceles, colores, óleos o acrílicos, sino que voy a hacerlo (o al menos pretendo) mediante mis propias palabras. La hoja cuadriculada que tengo frente a mi será mi lienzo.

Mi nombre es Milo, tengo 45 años y soy pintor. Mi carrera, esa primera vez con el arte se remonta hacia muchos años atrás, imagino que cuando tenía doce años aproximadamente. Mi familia era muy típica: un papá, una mamá y una hermana. Nada fuera de lo común. Pero antes que ellos estaba mi abuelo, un gran hombre al que recuerdo con todo el cariño y una de mis máximas influencias. Fue justamente él, el que me introdujo en este “submundo” del arte.

Una tarde como muchas otras, me llevó al estudio de pintura de su amigo Ismael. Recuerdo que el lugar era muy amplio, con grandes columnas y techos muy altos, lo cual brindaba una sensación de paz y tranquilidad absoluta. Claro que no lo era tanto, ya que también era ruidoso y estaba lleno de pomos de acrílicos, brochas, espátulas, papeles entre otros elementos, pero aún así yo me sentía muy cómodo. A pesar de que ya había acompañado a mi abuelo, Juan Patricio, muchas veces a ese lugar, aquella tarde fue distinta. Por primera vez sentí muchos deseos de expresar (siempre fui muy callado y reservado) todo lo que sentía y pensaba sobre una plancha de madera que se encontraba en un rincón del atelier. Algo me pasó ese 18 de Abril, llámenle corazonada, señal, manifestación o como sea, pero para mi fue “algo”. Me quedé un largo rato mirando hacia esa esquina, incluso estaba tan concentrado vaya a saber en qué, que no me di cuenta de que mi abuelo estaba también observándome. Cuando tomé conciencia de esa situación me sentí avergonzado y me puse a hacer otra cosa. El momento pasó y durante los siguientes días no comenté nada sobre el tema ni con mi familia ni con mi abuelo. Sé que él es también parte de mi familia, pero digamos que siempre lo consideré fuera de ese núcleo, ya que con mis padres y mi hermana no tenía una profunda relación, pero en cambio con Juan Patricio sí.

Fue entonces que una semana después de este hecho vino mi abuelo a casa con unos regalos para mí: unos cuantos pomos de pintura azul, verde, rojo, naranja y negro entre otros colores, muchos pinceles y esa plancha de madera. Ninguno de los dos teníamos la necesidad de hablar mucho para entendernos, sino que lo hacíamos solo cuando realmente había algo para decir que valía la pena. Y así fue. En el momento de la entrega de mis “tesoros” me dijo:”Sacá todo lo que tenés adentro, divertite, pintá y dibujá sentimientos e imaginación. Expresate con total libertad”.

Hoy que recuerdo ese momento del que pasaron más de treinta años, noto lo valiosas y trascendentales que fueron en mi vida sus palabras. Me marcaron tanto que ese mismo día, sin pensar mucho pero sintiendo una mezcla de adrenalina, confusión, miedo y emoción, di mi primera pincelada.

El resultado fue bastante satisfactorio. Era una obra de tamaño mediano y con colores cálidos (mis preferidos). El centro era una especie de sol muy amarillo que estaba acompañado por un fondo en la gama de los naranjas y rojos. Como detalle usé, justo al final de la obra, un acrílico dorado que le proporcionaba un aspecto brillante muy simpático y alegre. Ese fue mi primer contacto directo con la pintura, el primer momento en el que un objeto más sin vida y aparentemente inutilizable se convirtió en todo para mí. El pincel se había transformado en una extensión de mi cabeza y mi corazón. Y me fue bien, me sentía feliz.

A lo largo de todos estos años pinté una gran variedad de cuadros y, por suerte, tuve mucho éxito. Me invitaron a exponer en importantes galerías y museos de Europa y Asia junto con otros talentosos artistas, sin embargo nada de esto hubiera sucedido sin esa primera pintura. No existe en mi vida otra obra que me haya influenciado tanto como esa.

Es por eso, que cada vez que tomo un pincel y me acuerdo del sentimiento que me invadió ese día, reconfirmo que pintar es lo que amo y que es así como me quiero sentir para el resto de mi vida. Feliz.

martes, 10 de mayo de 2011

Las cuatro primeras veces.

Lo que podrán leer a continuación (invito a que lo hagan) es, básicamente, un encadenamiento de primeras veces. Mi primer texto narrativo de 2011-primer texto narrativo del blog-primera versión y primera vez de un personaje.

La consigna fue planteada a propósito de un ejercicio realizado en clase y que se conecta con la anterior entrada. Cada uno tuvo que llevar el libro elegido a clase y seleccionar al azar un objeto que apareciera en alguna de sus hojas. No quiero irme de tema, pero recuerdo que llevar el mío no fue tan sencillo. Como no podía ser de otra manera un libro común y normal no me pareció suficiente y “casualmente” elegí uno que mide 56 cm. x 40cm. Retomando, una vez seleccionado el objeto tuvimos que escribir su nombre en una hoja en blanco y hacerla circular por todo el curso. El resultado obtenido fue bastante interesante: cada uno tenía el campo semántico, verbos, adverbios y una pregunta relacionada a la elección personal, que en mi caso fue pincel (tal vez conciente, tal vez inconciente). Con toda esa información, por ejemplo: pintar, pincelar, linealmente, dibujo, colores, pintar delicadamente y ¿lo que se pinta es sólo arte?, se propuso escribir un texto narrativo que cuente una primera vez de un personaje que debíamos construir.
Luego de esta no breve introducción les presentó mi texto. Espero que les guste.

Mi primera vez

Es increíble todo lo que pasé para llegar al lugar en el que me encuentro actualmente. Los miedos, las alegrías, las cosas buenas y también los malos momentos. En todo eso me puse a pensar hoy mientras escribía el primer capítulo de mi autobiografía.

En esta oportunidad voy a jugar a ser dos personas a la vez: entrevistado y entrevistador. En las notas que me han hecho, suelen preguntarme como empezó mi carrera, influencias, datos sobre mi vida profesional, etc. Creo que no existe otra persona mejor que uno mismo para relatar su propia vida y es por ello que esta vez no me voy a expresar a través de pinceles, colores, óleos o acrílicos, sino que voy a hacerlo (o al menos pretendo) mediante mis propias palabras. La hoja cuadriculada que tengo frente a mi será mi lienzo.

Mi nombre es Milo, tengo 45 años y soy pintor. Mi carrera, esa primera vez con el arte se remonta hacia muchos años atrás, imagino que cuando tenía doce años aproximadamente. Mi familia era muy típica: un papá, una mamá y una hermana. Nada fuera de lo común. Pero antes que ellos estaba mi abuelo, un gran hombre al que recuerdo con todo el cariño y una de mis máximas influencias. Fue justamente él, el que me introdujo en este “submundo” del arte.

Una tarde como muchas otras, me llevó al estudio de pintura de su amigo Ismael. Recuerdo que el lugar era muy amplio, con grandes columnas y techos muy altos, lo cual brindaba una sensación de paz y tranquilidad absoluta. Claro que no lo era tanto, ya que también era ruidoso y estaba lleno de pomos de acrílicos, brochas, espátulas, papeles entre otros elementos, pero aún así yo me sentía muy cómodo. A pesar de que ya había acompañado a mi abuelo, Juan Patricio, muchas veces a ese lugar, esa tarde fue distinta. Por primera vez sentí muchos deseos de expresar (siempre fui muy callado y reservado) todo lo que sentía y pensaba sobre una plancha de madera que se encontraba en un rincón del atelier. Algo me pasó ese 18 de Abril, llámenle corazonada, señal, manifestación o como sea, pero para mi fue “algo”. Me quedé un largo rato mirando hacia esa esquina, incluso estaba tan concentrado vaya a saber en qué, que no me di cuenta de que mi abuelo estaba también observándome. Cuando tomé conciencia de esa situación me sentí avergonzado y me puse a hacer otra cosa. El momento pasó y durante los siguientes días no comenté nada sobre el tema ni con mi familia ni con mi abuelo. Sé que él es también parte de mi familia, pero digamos que siempre lo consideré fuera de ese núcleo, ya que con mis padres y mi hermana no tenía una profunda relación, pero en cambio con Juan Patricio sí.

Fue entonces que una semana después de este hecho vino mi abuelo a casa con unos regalos para mí: unos cuantos pomos de pintura azul, verde, negro entre otros colores, muchos pinceles y esa plancha de madera. Ninguno de los dos teníamos la necesidad de hablar mucho para entendernos, sino que lo hacíamos solo cuando realmente había algo para decir que valía la pena. Y así fue. En el momento de la entrega de mis “tesoros” me dijo:”Sacá todo lo que tenés adentro, divertite, pintá y dibujá sentimientos e imaginación. Expresate con total libertad”.

Hoy que recuerdo esa situación de la que pasaron treinta y tres años, noto lo movilizantes y trascendentales que fueron en mi vida sus palabras. Me marcaron tanto que ese mismo día, sin pensar mucho pero sintiendo una mezcla de adrenalina, confusión, miedo y emoción, di mi primera pincelada. Esa fue mi primera vez con la pintura, el primer momento en el que un objeto más sin vida y aparentemente inutilizable se convirtió en todo para mí. Simplemente hice lo que mi abuelo me dijo: viví y me expresé. Plasmé ese momento de mi vida con azul, verde, negro, rojo y amarillo. Hice manchas, líneas y dejé caer las gotas. El pincel se había convertido en una extensión de mi cabeza y mi corazón. Y me fue bien, estaba feliz.

Siempre me sentí especial, tal vez sea cliché, pero jamás había entendido el porqué. Finalmente ese día cuando vi mi primera obra terminada lo descubrí; el arte era para mí. Pintar era eso que me hacía sentir especial.

Evocación

Todo comenzó gracias a dos ensayos de Marcel Proust. Uno de ellos, “Sobre la lectura”, hacía referencia a los sentimientos, momentos, emociones y pensamientos que generaba en el autor la decisión de leer.
Es así que la consigna propuesta fue, en líneas generales, un ejercicio de evocación. Pensar en un libro que tengamos en la memoria, ya sea por el lugar en el que lo leíamos, la persona que nos lo obsequió o por su temática. 

Este es el resultado de revolver en mi memoria:

El libro que siempre recuerdo de mi infancia es el de Babar. En él aparecen los personajes del dibujo animado en distintas situaciones, como por ejemplo tocando instrumentos, jugando, etc. Su propósito es que el lector aprenda los números, letras y palabras, pero que, al mismo tiempo, sea de una manera divertida.

Cada vez que pienso en mis primeros años de primaria, se me instalan en el pensamiento una gran variedad de imágenes y recuerdos relacionados con dicho libro. Muchas veces me pregunto porque será que lo tengo tan presente. Podría ser por su forma tan particular, realmente nunca vi a un libro como el mío, es decir uno que sea enorme (para mi altura de ese momento) y que no tuviera hojas de papel. Otra de las razones puede ser porque fue un regalo de mi madre y lo veo entonces como un objeto que me lleva indirectamente a pensar y reflexionar acerca de nuestra relación y los momentos que pasamos juntas. Cualquiera sea el motivo, es un libro que me trasporta hacia situaciones muy felices. Me veo a mi misma leyéndolo (usando un pijama que todavía conservo) en la alfombra de mi cuarto e intentando hacerlo también en mi cama a la hora de dormir, claramente difícil por su tamaño pero , aún así una escena muy simpática para observar.

Es por ello que son todos estos recuerdos, situaciones, anécdotas, estados, etc. los que provocan que, luego de doce años aproximadamente de tener el libro de Babar, lo recuerde con tanto cariño y alegría.

¡Hola!

Me llamo Perla tengo 20 años y vivo en Avellaneda. Decidí estudiar Comunicación porque, después de un paso por otra carrera (Diseño de Indumentaria) , me di cuenta de que me sentía mucho más relacionada con el ámbito de los medios de comunicación, principalmente con el área gráfica. Dentro de mis intereses se encuentran: la pintura, la literatura, el cine y la fotografía. Es por ello que en mis tiempos libres disfruto de ir a museos y galerías, conocer lugares interesantes y sacar fotos, así como también de leer y mirar una gran variedad de películas. Finalmente con esta materia espero aprender mucho acerca de la escritura, ya que si bien es algo que me interesa, al mismo tiempo considero que me falta desarrollar aún más. 
Acá les dejo una foto que saqué en Diciembre de 2010 en el Jardín Botánico que queda en Palermo por la zona de Plaza Italia.
Jardín Botánico