Todo comenzó gracias a dos ensayos de Marcel Proust. Uno de ellos, “Sobre la lectura”, hacía referencia a los sentimientos, momentos, emociones y pensamientos que generaba en el autor la decisión de leer.
Es así que la consigna propuesta fue, en líneas generales, un ejercicio de evocación. Pensar en un libro que tengamos en la memoria, ya sea por el lugar en el que lo leíamos, la persona que nos lo obsequió o por su temática.
Este es el resultado de revolver en mi memoria:
El libro que siempre recuerdo de mi infancia es el de Babar. En él aparecen los personajes del dibujo animado en distintas situaciones, como por ejemplo tocando instrumentos, jugando, etc. Su propósito es que el lector aprenda los números, letras y palabras, pero que, al mismo tiempo, sea de una manera divertida.
Cada vez que pienso en mis primeros años de primaria, se me instalan en el pensamiento una gran variedad de imágenes y recuerdos relacionados con dicho libro. Muchas veces me pregunto porque será que lo tengo tan presente. Podría ser por su forma tan particular, realmente nunca vi a un libro como el mío, es decir uno que sea enorme (para mi altura de ese momento) y que no tuviera hojas de papel. Otra de las razones puede ser porque fue un regalo de mi madre y lo veo entonces como un objeto que me lleva indirectamente a pensar y reflexionar acerca de nuestra relación y los momentos que pasamos juntas. Cualquiera sea el motivo, es un libro que me trasporta hacia situaciones muy felices. Me veo a mi misma leyéndolo (usando un pijama que todavía conservo) en la alfombra de mi cuarto e intentando hacerlo también en mi cama a la hora de dormir, claramente difícil por su tamaño pero , aún así una escena muy simpática para observar.
Es por ello que son todos estos recuerdos, situaciones, anécdotas, estados, etc. los que provocan que, luego de doce años aproximadamente de tener el libro de Babar, lo recuerde con tanto cariño y alegría.
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