martes, 5 de julio de 2011

Volver (Mi Primera Vez)

Un domingo, no hace mucho preparando la mudanza hacia otro estudio y víctima de la inquietante monotonía, me reencontré con ella. Tenerla otra vez en mis brazos fue como una bocanada de aire fresco y renovador. La recorrí minuciosamente, miré todo. Hasta el último detalle. La abracé, la toqué, sentí su olor y se despertaron en mi piel infinidad de sentimientos.

Me quedaba mucho por hacer todavía. La habitación blanca estaba llena de cajas apiladas por todos lados, plásticos en el suelo y papel de diario. Pero no me interesaba nada más. Fui a mi cuarto y me acosté en la cama mientras ella permanecía inmóvil entre las sábanas. Era bella, un poco infantil, pero con ciertos rasgos de madurez. Y esa particular combinación era la que la hacía tan atractiva. Además, se parecía al sol que nos alumbraba desde el ventanal.

Siempre le gustó escribir, pero nunca le gustó ser el protagonista.

Su abuelo fue, sin dudarlo, su máxima influencia. Un hombre amable, con un bigote simpático, despeinado y siempre con las manos manchadas de colores. A pesar de su excelente relación, ninguno de los dos tenía la necesidad de hablar mucho para entenderse. Era de ese tipo de vínculos que van más allá de las palabras.

Una tarde como muchas otras (eso pensaba) en las que observaba a su Nono mientras pintaba, algo le pasó. Ya no era un día cualquiera, algo había. Fue un segundo. Lo mismo que dura un parpadeo, lo que tarda una bomba en destruir. Así se sintió. Fue una explosión. Una explosión interna. A diferencia de lo que se puede esperar, nada quedó destruido sino todo lo contrario. Por primera vez en su vida creó algo. Un objeto más y, aparentemente inutilizable, cobró vida. El resultado fue bastante satisfactorio. Se sentía feliz.

Veinte años después, cuando se reencontró con ella, todos estos recuerdos volvieron a su mente. La cara de su abuelo, su pelo enmarañado, el clima de ese día, los colores, todo. Su primer amor estaba ahí. Anaranjada, roja, brillante, dorada como el sol. Lo estaba esperando a él. Estaba aguardando ser vista una vez más.

Ella, la obra. Él, el pintor. No hacía falta decir nada, el momento fue perfecto. Las palabras sobraban y los silencios no incomodaban. Al fin y al cabo se conocían desde siempre. Estaban juntos otra vez.

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