Tenía una forma muy particular y nunca conocí otro como el mío. Era enorme (para mi altura de ese momento) y no tenía hojas de papel; eran de cartón. Cuando pienso en mi infancia, automáticamente me transporto a los años en que leía este “librote” de Babar. Siempre lo hacía en la alfombra de mi cuarto (usando un pijama que todavía conservo) e intentando hacerlo también en mi cama a la hora de dormir. En él aparecen los personajes del dibujo animado en distintas situaciones, como por ejemplo tocando instrumentos, jugando, etc. Su propósito era que el lector aprenda los números, letras y palabras pero que, al mismo tiempo, sea de una manera divertida. Y para mi esa forma diferente de aprender funcionó. Incluso pasaron doce años aproximadamente y todavía lo recuerdo. Muchas veces me pregunto por qué será que lo tengo tan presente. Imagino que es porque me lo regaló mi mamá, y entonces me lleva indirectamente a pensar y reflexionar acerca de nuestra relación. Cualquiera sea el motivo, es un libro que siempre voy a recordar con mucho cariño y alegría.
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